Desde aquellos años, he tratado de cultivar y acrecentar esta cercanía con el Corazón de Cristo, siendo retribuida con los más valiosos regalos espirituales. Como expresión de gratitud, he procurado difundir esta devoción al Señor a través de diversas instancias; sin embargo, éstas nunca me han parecido suficientes. Esto me ha llevado a superar muchas barreras y a escribir estas páginas que, estoy segura, han recibido la ayuda del Corazón de Jesús y la del Espíritu Santo para alcanzar la finalidad de este libro, que consiste en acercar a los lectores y lectoras al gran amor que emana del Corazón de Jesús.
A través de esta devoción, Cristo nos entrega su Corazón Divino y Eucarístico, bajo la forma humana, abierto por la lanza del soldado en la tarde de la Crucifixión. De Él brota esa gracia perenne de salvación que favorece a los seres humanos a un constante cambio y conversión interior. Con su Misericordia, Cristo nos da esperanza, perdón y regala mayores privilegios a quienes verdaderamente lo honran.
¿Por qué este Corazón Misericordioso es la fuente de la esperanza humana? ¿Por qué este Corazón, pleno de misericordia es el único que hace renacer y enriquecer nuestra fe?
Porque esta devoción está ligada a hechos fundamentales de la Redención. El Divino Corazón de Cristo es una luz radiante que testimonia el amor del Hombre-Dios, y como Amor, es causa de alegría y desarrollo espiritual de las almas.
